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Pero el tinte más brillante, y a la vez el más firme, era el morado obtenido de un caracol de mar, llamado por Lineo Púrpura patula, común en ciertas peñas del Océano Pacífico. Tan precioso y tan buscado era el hilo teñido con la baba que se escapa de la concha cuando se coge, que se llegó al extremo de hacer pagar en madejas de algodón morado los impuestos al Rey y los cánones del clero. Es tradición corriente entre los indios que, cada año, los misioneros que regentaban los pueblos de Quepos, Boruca y otros, enviaban para el norte mozos cargados de pesados fardos de hilo morado, destinados a los conventos de Nicaragua y Guatemala.
De esos mozos jamás se volvía a saber. Otro detalle que demuestra la importancia que tenía el producto especial al que hago referencia es que las peñas donde se criaban los caracoles de tinte eran propiedad exclusiva del Rey y que a éste correspondía su repartición entre los indios. Por lo demás, la industria de la púrpura no era exclusiva de nuestros indios en Costa Rica. Además de encontrarse este caracol también en la costa del mar Caribe y de constituir uno de los vestigios de faunas antiguas que indican la existencia prehistórica de alguna conexión entre ambos océanos, se extiende por el litoral occidental del continente americano, desde el Ecuador hasta Tehuantepec, y no es remoto que los naturales de todo este trecho de costa hayan conocido sus propiedades”. Se hallaba precisamente el caracol púrpura en los peñascos que conforman el sitio de Ventanas de Osa, lugar visitado por los indios Térraba y Boruca, quienes buscaban en los acantilados el tinte púrpura para sus telas de algodón.
El indígena utilizaba el caracol púrpura sin destruirlo, frotando el caracol hasta extraer la sustancia tintórea. El caracol utilizado se colocaba de nuevo sobre la roca, ya que su tinta sería de nuevo aprovechada. Es este un ejemplo del uso sostenible del caracol púrpura que hacían los indígenas sureños de la costa pacífica de Costa Rica. Este recurso natural se mantuvo durante cientos de años, a pesar de su intensiva explotación. Sólo al arribo de los españoles y debido a su afán mercantilista, llegaron a desaparecer las poblaciones de caracol. ¿Por qué no fomentar la siembra de caracol púrpura en los sitios costeros, como parte de un programa de recuperación ecológica de esta especie? ¿Por qué no pensar en los peñascos de Ventanas de Osa y de Isla Violín?
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